Pensamiento plano


Salgo a correr y no puedo evitar que mi mente divague con los pensamientos más absurdos o triviales. El cerebro parece funcionar a más velocidad y las ideas surgen como el borbotear del agua en una fuente. Pero claro, cuando paras, conviene analizar todo lo pensado y cribar la paja de lo realmente válido. Y, al final, no suele quedar nada. ¡Por suerte corriendo no puedes poner en práctica todo el torrente de ideas que inundan la mente! ¡Podría ser un caos!

Y en estas estaba yo, zancada tras zancada, marcando un ritmo agradable por el Parque de Cabecera, justo bajo el muro del Bioparc, dejándome transportar a otros mundos por la vegetación, el lago, los mosquitos y los efluvios de las fieras encarceladas a pocos metros, cuando, levantando la mirada para observar el estado del cielo a la hora del crepúsculo, la vi. Allí estaba, transparente, difuminada pero clara, brillantemente iluminada por un Sol que ya no estaba. Efectivamente, el Sol ya estaba por debajo de la línea del horizonte y los tonos grises empezaban a invadir los recovecos del terreno. La Luna destacaba contra el azul eléctrico cada vez con más intensidad.

Hasta ahí nada raro. Un día más, como durante millones de años, más de 4.000 según dicen, ahí estaba, arriba, en el firmamento, sin nada de particular. Y, sin embargo… había algo que no me cuadraba. Algo no encajaba y no sabía que era. El ritmo era cada vez más regular, incluso iba aumentando la intensidad y las sensaciones comenzaban a ser muy buenas. El rio empezaba a despoblarse, corredores, ciclistas, paseantes con y sin perro, todos se retiraban a la hora de la cena. Por fin encontré el motivo de mi desasosiego. La iluminación de la Luna no se correspondía con la posición del Sol. Empezé a darme cuenta al observar que la fase creciente en que se encontraba ya estaba bastante avanzada. Más de la mitad de la luna estaba claramente definida, y sin embargo, la parte oscura ocupaba todavía una buena parte, como una porción de sandía. Lo que me extrañaba era la posición de esa zona oscura. Estaba escorada hacía la parte inferior, ocupando la zona iluminada casí tres cuartos de la parte noroccidental de la esfera.

Rápidamente hice el esquema mental de la situación del sistema Luna-Sol:


Y, evidentemente, no me cuadraba. La única forma de que la Luna tuviera sombra en su parte inferior se produciría con el Sol por encima del horizonte. El campo visual de un observador vería la Luna iluminada por la parte superior y también vería el Sol sobre el horizonte. Absurdo. El Sol se había puesto, ya estaba por debajo del horizonte. La realidad se impone tercamente a nuestros esquemas mentales, a menudo rancios, míseros, interesados, pero, “Eppur si muove”.

Rehice el esquema cambiando la perspectiva. Me situé desde un punto de vista exterior, contemplando el sistema completo Tierra-Sol-Luna y esto es lo que obtuve:



Y ya pude descansar tranquilo. La iluminación de la Luna cuadraba perfectamente con las posiciones relativas de los tres astros. Nuestro mundo no es plano, ¡vaya descubrimiento!, pero, ¿interiorizamos suficientemente la realidad, lo empírico? O, más bien, ¿seguimos anclados en nuestros enclenques modelos por pereza mental?
Pensamiento plano es la falta de perspectiva amplia, la mirada estrecha, incapaz de percibir matices y analizar respuestas. Es también no hacerse preguntas, considerar la realidad como un escaparate arbitrario sin lógica ninguna. Es también caer en los dogmas, en el autoritarismo y en el rechazo a la diversidad. Y es el error que cometí en mi primer modelo, construyendo un mundo plano al dejarme conducir por una línea de pensamiento plana.

Doy por bien empleado un entrenamiento que puso a trabajar los músculos de la mente, ya un poco anquilosados por la inactividad.

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